Día Internacional de la Danza 2021


Con mi primera pareja de baile, Javier Monzón en el Real Conservatorio Profesional de Daza de Madrid, 1997. 



Quiero celebrar el Día Internacional de la Danza 2021 rememorando y dando gracias por todo lo que he podido hacer en lo que llevamos de año que, dadas las circunstancias, no es poco. 


Comienzo por el proyecto de videodanza con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, realizado junto con mis compañeros de Valencia Dancing Forward sobre el poema «Una cien veces» de Elvira Sastre, que tuvo una enorme acogida, que hoy por hoy sigue estando vivo y que tuve el honor de presentar en un coloquio virtual con Mercedes Carbayo-Abengozar organizado por el Instituto Cervantes de Dublín; continúo con las clases de ballet online en colaboración con el Ballet Nacional de Irlanda, todo un lugar de encuentro con gente que ya conocía y otra que aún tenía por descubrir; coloquios en diversas escuelas de danza de Reino Unido con bailarines de corta edad, cuya curiosidad me ha hecho recordar momentos de mi propia infancia; además, el proyecto organizado por el Instituto Cervantes de Dublín con motivo del Día Internacional del Libro 2021, donde he podido coreografiar e investigar sobre los maravillosos poemas de Alba Cid, Premio Nacional de Poesía Joven 2020, acompañada por la bailarina Irlandesa Niamh O'Flannagain, quien, sin dudarlo, ha puesto movimiento en lugares para nada convencionales; y termino por el proceso de audición de la quinta generación de bailarines VDF, en el cual estamos inmersos, y es, en realidad, lo que me lleva a reflexionar y a escribir estas palabras en un día tan especial para la danza.


Para los que no conozcan VDF, se trata de una asociación sin ánimo de lucro con la misión de preservar, difundir y promover la danza y en la que, entre otras muchas, nuestra principal línea de acción es la llamada Joven Compañía. Durante cuatro meses al año (aproximadamente), los bailarines recién graduados elegidos mediante audición de diversas escuelas de danza europeas, interpretan un programa con coreografías versátiles escogidas especialmente para introducirlos en el mundo profesional. Viajamos con ellos por teatros de toda la Comunidad Valenciana con dos misiones fundamentales: que los jóvenes bailarines pisen el escenario y llevar la danza a lugares y teatros de todas las características y tamaños, para un público hambriento de danza y cultura.


Desafortunadamente, y por razones que todos conocemos, en el 2020 decidimos dejar en stand by nuestro proyecto para poder asegurar un futuro a las siguientes generaciones; económicamente, para nosotros, era como jugarnos todos nuestros ahorros a una sola ficha y eso no suele salir bien. Por eso, este año volvemos renovados y con más ganas que nunca.


En cuanto al procedimiento, los procesos de selección están siendo similares a los de años anteriores de manera online. Pero hay algo que esta vez nos está dejando un leve sabor agridulce, y es que estamos recibiendo más del doble de solicitudes de bailarines y bailarinas que deberían estar ya en una compañía profesional. Podríamos tirarnos flores y decir que nuestro proyecto atrae a los mejores pero, no nos engañemos, a la precariedad previa a la pandemia se suma la incertidumbre actual, creando una bola enorme con una relación causa efecto inmediata. Pero, además, hay otra que está en silencio, como un volcán gestando su erupción. La de todos los jóvenes que se van a quedar por el camino; no va a ser solamente una generación perdida sino varias, porque vamos a tardar en recuperarnos. Siento si soy demasiado cruda, pero al pensar en todo esto resuena en mis oídos el pitido de un monitor cardiaco de alguien (la danza) que ha entrado en parada. Así es como lo siento. 


Sin duda, uno de los motivos que más nos movió para crear un proyecto como VDF, fue observar un desfile constante (en la compañía donde éramos bailarines profesionales y en muchas otras), de jóvenes con gran valía que estaban preparados para una aventura profesional pero que, este sector cada vez más mermado por la crisis de 2008, no era capaz de sostener no solo a los que ya estaban dentro, sino que tampoco a los que aún estaban por llegar. Para muchos de ellos, una idea como la nuestra ha hecho posible que sus familias les permitan continuar con su proyecto de vida sin tener que desequilibrar en demasía la economía familiar, porque la danza y el talento no entienden de clases sociales (yo a su edad no hubiera podido permitirme económicamente un limbo profesional al terminar el conservatorio). Nuestro sector puede estar perdiendo no sólo bailarines sobre el escenario, sino también futuros maestros, coreógrafos, figurinistas, técnicos, fotógrafos, periodistas, políticos, actores…  y un largo etcétera de profesionales que debe haber tenido la experiencia de pisar un escenario y vivido en primera persona la aventura de la danza, entendiendo nuestro sector desde dentro, para llevarlo a su máximo esplendor; solo así dejaremos de ser la hermana pobre de las artes. 


Dicen que la unión hace la fuerza. Mi deseo este cumpleaños de la danza es, sin duda, la unión de las gentes de nuestra profesión, la unión de todas las ramificaciones que tiene la danza y, por qué no, la unión de las artes en general porque, si algo me ha quedado claro en lo que llevamos de año es que, la poesía, la música, la pintura, la fotografía, la escritura, el teatro, la pedagogía… y hasta el silencio, se bailan. Feliz día Internacional de la Danza. 


Comentarios

  1. Bonita! Arriba corazones y que la danza siga llenando almas para lograr éxito en cada uno de esos jóvenes luchadores.

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