DANZA Y FÚTBOL: DOS MUNDOS PARALELOS

Turín, 2015 @Laura Caurín 



Como buena “carabanchelera” de pro, soy atlética de corazón y aficionada al fútbol. De pequeña bajaba andando al Vicente Calderón para ver los partidos, las presentaciones, etc., eso ha hecho que a lo largo de mi vida haya existido una comparación constante entre el fútbol y la danza. ¿Por qué uno funciona tan bien y la otra no tanto? Son muchas las observaciones al respecto, pero hoy quiero centrarme solo en algunas de ellas.

 

 

Como dicen en la jerga deportiva, el vestuario es parte fundamental para formar equipo. En la danza pasa exactamente igual; ambientes hostiles, de desmotivación, individualistas, con falta de reconocimiento al esfuerzo personal y donde los rumores están a la orden del día son absolutamente tóxicos y perfectamente visibles desde la butaca. Como espectadores, quizá no sabemos exactamente qué, pero nos damos cuenta de que una o varias piezas no encajan en el  puzle

 

Sin embargo, el 100% de esta debilidad no pertenece a los bailarines y bailarinas de la compañía, viene de más arriba (he visto y vivido casos donde el lema de la dirección era divide et impera; caos asegurado). La implicación de los responsables en la sala es fundamental para el correcto funcionamiento de todo el engranaje, pero no es una tarea de mera corrección de pasos de baileQuizás es porque mi trabajo es puramente vocacional, pero como ballet mistress, me siento parte activa de los logros y fracasos de la gente con la que trabajo; si sale algo bien, grito de alegría, si sucede algo gracioso reímos juntos y si algo va mal en su vida personal no he dudado en abrazarles…, porque si ellos y ellas están bien emocionalmente, brillarán en el escenario y la compañía al completo también lo hará. 

 

Desde mi punto de vista, lo más importante que deberíamos recoger del fútbol es: si el partido es bueno se alaba a los futbolistas, pero si por el contrario no lo es, el mister tiene que asumir su parte de responsabilidad y, posteriormente, en el siguiente entrenamiento, se deben exponer todos los aciertos y errores en común para poder evolucionar  partido a partido. 

 

La identidad es otro aspecto, el cual podríamos debatir horas y horas. En este caso, tanto en el fútbol como en la danza, en otros países existe un fenómeno fan brutal. Si preguntamos en la calle por el nombre de un futbolista de la selección española seguramente obtendremos no uno sino varios nombres, pero si preguntamos el nombre de un bailarín o bailarina de la CND o BNE, seguramente no tengamos tanta suerte. 

 

La cara visible son los artistas de la compañía, ellos y ellas son los que dan la cara en el escenario delante del público exigente y cuanto menos deberían obtener el reconocimiento mediático por tan titánica labor y exposición. A partir de ahí se puede avanzar y dar visibilidad a los demás departamentos que hacen posible que ellos se suban al escenario. En Londres, la gente llama a los teatros para interesarse por los elencos y así poder elegir el día o días que irán a verles bailar, e incluso siguen los pasos de los más jóvenes en sus primeros papeles principales, como futuras promesas, para poder decir en el futuro yo estuve allí (no digo que aquí no se intente, pero allí se hace mucho) y es que, el público también es parte activa de la danza y lo que el sector necesita es alimentar a su afición. 

 

La figura de dirección artística es comparable a la de presidente del club, aunque es cierto que algunos directores artísticos son un híbrido entre presidente y mister, pero siempre tienen a un Mono Burgos (al que echamos de menos) o a un Profe Ortega que lideran perfectamente cuando ellos no están. Observo a la gente con la que trabajo para seguir aprendiendo y, aunque no trabaje directamente con él, también al Cholo Simenone, un líder que es fuente de inspiración, lleno de coraje y corazón, visceral en el campo, tranquilo y calmado en las ruedas de prensa. 

 

En nuestras retinas está muy (mal) normalizada la imagen de niños en países  en vías de desarrollo jugando al fútbol descalzos y con pelotas fabricadas por ellos mismos tratando de imitar a sus ídolos deportivos. Pero actualmente, es muy reciente el caso de Anthony Madu, el niño nigeriano de once años que se hizo viral por bailar descalzo bajo la lluvia; ¿será que el pueblo pide danza? 

 

 

Como todo en esta vida no dedicarte profesionalmente a algo no impide que lo conviertas en tu hobby y disfrutes de ello de manera amateur, de manera activa o pasiva. Permitidme que lance una pregunta más: ¿es la danza profesional tan vista por los niños y niñas que practican cualquiera de sus disciplinas en academias, igual que lo es el fútbol, por los niños y niñas que entrenan y juegan en sus respectivos clubes? En mi opinión, el fútbol nos gana por goleada y, actualmente, no podemos culpar al aspecto económico, ya que internet nos proporciona un sin fin de posibilidades accesibles y gratuitas. Los que practican el fútbol consumen La Liga, Champions, Eurocopa… pero es que, además, los que practican tenis o ciclismo, generalmente, son espectadores de Wimbledon o el Tour de Francia respectivamente. Quizás acabo de abrir un melón sobre el que debamos sentarnos a debatir para poder solucionar… hablar sobre los bailarines que chupan banquillo, ya si eso, lo dejamos para otra ocasión.  


-Al escribir esta entrada, sin querer, me he reencontrado con mi "yo" de hace más de veinte años y he llegado a la conclusión de que en los 90 no se estilaba que una niña fuese a fútbol como actividad extraescolar, pero si me hubieran dado a elegir entre danza y fútbol, seguramente, mi cuerpo, hubiera elegido fútbol...-

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