UN DIÓGENES DE INSEGURIDADES



Hay acciones que llevan implícitas otras acciones; me explico: una novia el día de su boda debe llevar algo nuevo, algo viejo, un objeto prestado y algo de color azul; los  novios no pueden verse antes del enlace y él, mucho menos, ver el vestido de su amada. Ahora, cambiemos de escenario… En sentido literal. 

A lo largo de mi carrera he visto y, por supuesto, he llevado a cabo ritos que no me han servido de nada, pero, en ese momento, el «y si…?» pesaba más que su omisión, por ejemplo, entrar, año tras año, a un mismo baño en los teatros habituales de las giras (un engorro cuando trabajas en una compañía de más de sesenta personas) o usar siempre la misma crema de calor antes de interpretar un personaje o papel concreto mi Myrtha siempre olía a un ungüento del barrio chino de Londres–. Cuidado con los ensayos generales y noches de estreno, ya que, abrochar un traje o ayudar a colocar un tocado, puede convertirse en una ceremonia por tiempo indefinido. Hay muchos otros rituales más sencillos, pero no por ello menos pesados: usar la misma sombra de ojos, el mismo pintalabios, el mismo calentamiento al pie de la letra, escuchar la misma canción para motivarse, tapar anillos y pendientes con esparadrapo en lugar de simplemente quitárselos… Desde luego, lo peor que te puede pasar es que justo dé la casualidad de que, al saltarte uno de estos ritos ocurra una tragedia; en mi caso aún es posible ver el estupor de mi cara al escuchar un silbido entre cajas o en el escenario…

Con los años y el intento constante de ahorro energético, poco a poco vas eliminando algunas de estas supersticiones, o al menos así lo he hecho yo para evitar un Diógenes maniático que disfraza inseguridades. Nunca me ha gustado la dependencia de nada ni de nadie, nubla la mente y arranca de cuajo el mérito propio. Estoy segura de que en el matrimonio, como en una actuación, su éxito no depende de los ritos y la suerte, sino del trabajo y el esfuerzo diarios, siendo a la vez conscientes de que la perfección no existe y que cada vivencia, como en los espectáculos, son diferentes para que no nos asentemos en un día de la marmota constante. Las actuaciones en martes y viernes 13, ya si eso, las dejamos para otra ocasión. 


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