Pliés: ¿Profecía o sentencia de vida?

 

Fotografía de Santiago Carregui para el Ballet de la Generalitat Valenciana
Bailarines: Marine Sánchez, Cristina Reolid, Elizabeth Taberner, Ismael Turel, Diana Huertas, Joan Crespo, Gianluca Battaglia, Laura Bruña, Esaul LLopis, Fátima Sanlés, Jon López y Marta Toledo. 


 «Todos los días de tu vida tendrás que agarrarte a la barra para hacer unos pliés».


Cuando te lo cuentan de estudiante aún no eres consciente de lo que esto supone y de todo lo que habrá que superar para cumplir esta profecía, aunque en realidad, a mi parecer, es más bien una sentencia de vida. 


Encontrar la motivación para agarrarte todos los días de tu vida a la barra puede llegar a ser una tarea complicada. Como alumna, aún no das, a ese ejercicio de pliés, la importancia suficiente y lo pasas por encima – principio de clase, apenas concentrada, música lenta y el cuerpo todavía por entrar en calor– no es lo más gustoso del mundo, la verdad, incluso hay estudiantes que usan este primer ejercicio para comprobar el modelito del día en el espejo. Porque no nos vamos a engañar, el ejercicio de pliés es fácil de copiar y predecir. 


Si hablamos de la etapa profesional, es más complicado generalizar y las interpretaciones son bastante diversas: hay bailarines que continúan con mentalidad de estudiante, llegan un minuto antes a clase, chascan un par de huesos y al lío (afortunados en el ahora, desafortunados en el futuro); los más comunes son los que llegan un ratito antes y charlan con los compañeros mientras se adaptan al espacio dentro la sala y a su lugar en la barra. Estos comienzan concentrados el ejercicio por excelencia de la barra de ballet, aunque no todos llegan a hacerlo como ha sido marcado, ya que añaden cositas de su propia cosecha. Tampoco nos debemos olvidar de los que llegan muy temprano y realizan un calentamiento exhaustivo que para cuando llega el mencionado ejercicio están sudando como pollos… Recuerdo que como bailarina no me gustaba escuchar la voz del maestro; se trataba de un momento de reflexión y reconocimiento del cuerpo imprescindible para saber qué dolía y qué no, para concentrarme, meterme en la burbuja de clase y olvidar todo lo que pasaba en el exterior.



Ahora, como ballet mistress, creo que el ejercicio de pliés es el más complejo de montar a los profesionales… Quizás es el ejercicio que menos conviene liderar en clase para que cuerpo y alma conecten y dotar así al bailarín de un momento de libertad dentro de un ritual cerrado, pero con muchas variables, y es que, nadie mejor que uno mismo comprende y siente su cuerpo y sus necesidades. ¿Qué son los pliés sino los cimientos del bailarín? He de confesar que, por el momento, la fórmula de “free pliés” me funciona muy bien y esa libertad me permite observar en qué punto está cada uno y sus necesidades individuales a nivel físico y espiritual. Reconocer la energía de la clase en su conjunto es fundamental para poder homogeneizar y focalizar al grupo en su largo día de ensayos. Esos tres minutos que me ahorro al no tener que marcar los pliés los aprovecho para el circo final de fouettés y manèges, pero el “circus time”, ya si eso, lo dejamos para otra ocasión. 


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