¿QUIÉN SABE LO QUE HAY DESPUÉS DE CRUZAR UN AGUJERO NEGRO?
A menudo es necesario entender lo que sentimos. Es fácil cuando se trata de lo natural: hambre, sed, cansancio… Pero, ¿qué pasa con esas otras “cosas” que sentimos? ¿Somos realmente capaces de traducir todas nuestras sensaciones? Hay algo que, sin pensarlo, clasifica si lo que sentimos es bueno o malo y, muchas veces, sin embargo, estamos equivocados; lo que en apariencia puede ser agobiante y tortuoso no es más que una revolución, una bola que se mueve y que llevamos dentro tratando de encontrar su propio significado. ¿Quién sabe lo que hay después de cruzar un agujero negro?
Ansia, palpitaciones, respiración agitada y una voz interior que pide volver a un estado de calma para poder funcionar bien; sudoración y a la vez frío; mantén el cuerpo en movimiento sin cansarte; bostezas, respiras profundo, más profundo; ya llega, sensación de vértigo, acelerón cardiaco; la gravedad ha desaparecido, parece que los pies no tocan el suelo; cuatro cuentas musicales y… Ya está, todo lo anterior no existe, todo tu ser se mueve casi sin ordenarlo. Estás en escena. Ya no eres tú. Eres otro. Tomas prestada su historia, sentimientos, movimientos e incluso su mirada. Todo esto es breve, intenso y ocurre solamente unos segundos antes de traspasar ese portal maravilloso donde todos te ven, pero tú, solo verás oscuridad. A simple vista podría parecer que todo lo descrito es el previo a un infarto, pero no lo es, es el previo a salir a un escenario.
¿Quién no ha tenido ganas de salir corriendo antes de hacer una entrada a escena? Sentir todo eso es irremplazable y parte del proceso. No es necesariamente algo negativo pensar que no puedes, lo negativo sería tener la oportunidad y no intentarlo. A menudo, mi máxima para ese tipo de ocasiones (entre otras miles), es “que me quiten lo bailao”. De lo que se siente al terminar el espectáculo y su adrenalina, ya si eso, lo dejamos para otra ocasión.



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